miércoles, enero 10, 2007

El enemigo invisible

A pesar de los pasos hechos hasta ahora de nuevo me encuentro con un enemigo invisible. De nuevo mi enemigo invisible sabe de mi existencia y yo sé de la suya aunque de nuevo en él es pura intuición, en mí es omniconocimiento. La contienda absurda sucede en un universo plagado o atiborrado de caras de pajaro y de alcohol y marihuana. Los medios de contienda son desiguales: cada uno posee armas de distintas facturas y posibilidades. Por mi parte soy fantasma-invisibilidad. Mis acciones son siempre efectivas aunque carecen de efectos debido a mi propia condición de cuerpo-persona latente. Desafortunadamente cada uno de mis pasos se revierte en forma de vengaza inactiva: cada victoria suguiere exito pero todo lo que yo podría ganar está ya ganado, así que la posibilidad de ganar lo que no puedo ganar me enfrasca en una especie de desesperación. Por su parte el enemigo invisible, cuyos pasos yo sí conosco y de los que tengo noticias fidedignas, puede caminar sin error. Cada uno triunfa a su manera ya que cada uno ha ganado antes de iniciar. El constraste es obvio: yo lo sé todo y él nada sabe. Su derrota y mi victoria es ignorarlo todo, ignorar los golpes de perfecta factura. Su victoria es ignorarlo todo y poder seguir. Mi victoria y mi derrota es saberlo todo. Yo camino por un territorio fuerte e inexistente. A su favor que pelea con un enemigo debilitado por otros enemigos invisibles.

Me queda un mareo y una nausea -ganas de vomitar- y la consciencia de que a este ritmo debería volverme loco o volarme los cesos porque cada vez que entro en la trampa, en la tela de una araña de mil patas sin patas, yo sé que no podré quitarmela de encima, que yo no estoy hecho para la vida que me empeño en vivir o en la que siempre terminó viviendo.

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