viernes, julio 28, 2006

La libertad - Dostoyevsky




Hay algo que guía a muchos de los personajes de Dostoyevsky en sus acciones: la búsqueda de la libertad. Pero la búsqueda de la libertad en la autodestrucción, como el oficial Marmeladov de Crimen y Castigo. Consciente de sus propios deseos, de su propio dolor (su hija Sonia se ha convertido en una prostituta, sus otro hijos se mueren de hambre, su esposa está siendo consumida por la fiebre o la tuberculosis), él, destruido por esa situación, se gasta el poco dinero que recibe, aún el dinero de la miseria de su hija, en alcohol. Pero sus borracheras no son para olvidar -posibilidad obvia- sino al revés para sentir más ese dolor. Se puede pensar que lo hacía por una extraña forma de sentir placer con el dolor. Pero queda la otra posibilidad: que lo hacía por su propia libertad. Pues existe al menos un sentido, bien particular, en el cual la libertad tiene que ver con la liberación del yugo de los propios deseos: la idea (kantiana) de que lo contrario a ésta es guiar las acciones propias en búsqueda del placer. Y es como si el oficial Marmeladov tomara la decisión de hallar su libertad en todo lo contrario a actuar para encontrar el placer: actuar para sentir el dolor.

O el mismo Raskolnikov! Matar creyendo que es lo correcto (¡eliminar a un piojo!) y después ver como su propia culpa lo obliga a confesarse. El crimen es la búsqueda de la libertad de su propia moralidad negándola y afirmándola al mismo tiempo: si mata es porque considera que matar no es lo correcto por lo que hacerlo es ir en contra de dicho valor, aun cuando sea el tener dicho valor la causa última de su acción. O Kirilov en Demonios! Suicidarse para matar a Dios y con esto llegar a ser ateo. Pero para creer que se está matando a Dios hay que creer en Dios: solo un ser demasiado creyente puede dar su propia vida para tratar de ser ateo.

Este rasgo hace de todos esos personajes seres purísimos que creen que la libertad de su propia moralidad está del lado de la negación absoluta de sus valores: para ser ateo hay que matar a Dios. Pero la verdadera libertad (en ese sentido) es simplemente abandonar por completo los propios valores con absoluta indiferencia: el verdadero ateo es quien ni siquiera se ha planteado la cuestión de Dios o, peor aún, a quien la existencia de Dios le es indiferente. No hay libertad en la autodestrucción de los propios valores -por lo menos como lo hace el oficial Marmeladov o Raskolnikov- porque supone no ser indiferente a estos.

5 comentarios:

Anónimo dijo...

Beautiful post... Dulce condescendencia la de "purísimos"...

Aguante Fiodor!
Y aguanten los eventuales "verdaderos ateos" en su empresa... Mucho más pura y mucho más demente.

Anónimo dijo...

deje de publicar sus trabajos de la universidad.

aponte dijo...

no es trabajo de la universidad. Mis trabajos son veinte veces más aburridos!

Marta dijo...

Siempre me ha simpatizado el hecho de que los "ateos" de Dostoievsky son sus personajes mAs inteligentes.

Anónimo dijo...

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