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Brahms - 03 requiem op.45 3 Herr, lehre doch mich
Hazme saber, Señor, mi fin y cuánta sea la medida de mis días;
sepa yo cuán frágil soy.
Diste a mis días término corto y mi edad es como nada delante de ti;
ciertamente, es apenas un soplo todo ser humano que vive.
Ciertamente como una sombra es el hombre
Salmo 39 4.5.6.
Siempre pienso en esa abeja. Cuando subí al TM la pequeña abeja se esforzaba por huir a través del cristal que le era invisible, realizando breves ataques seguidos por breves descansos. Y cuando el bus inicio su camino me di cuenta de la triste condición de la abeja porque ella no paró sus intentos imposibles de escape sino que continúo la búsqueda de su libertad. Pero ésta era, ahora que el bus se había alejado de panal junto con ella, igual a la búsqueda de su muerte. Concentrada en romper un muro que le era invisible olvidaba la razón final de su acción: volver a su hogar, inalcanzable para la condición del pequeño insecto. Estaba condenada a la muerte y pensé que era mejor que se quedara tratando de atravesar el cristal porque al menos eso ratificaba su vida, al menos tenía un sentido -por absurdo que este fuera. Porque si lograba atravesar el cristal se daría cuenta que no tenía esperanza. Luchar -por estúpido y triste y miserable que resultaba en ese momento- era la única alternativa a dejarse morir, a podrirse como carne sucia. Su vida era desear, lanzarse una y otra vez con rabia hacía el cristal que nunca podría vencer, y en sus momentos de descanso reposar su cuerpo sobre su enemigo a la espera de un nuevo movimiento.
Pensé que la libertad y el deseo y el cristal de la abeja eran una misma cosa. Que alcanzado el deseo, tan invisible como el cristal, no queda nada. No queda la satisfacción de haberlo alcanzado, sino simplemente una sensación de muerte. Un cansancio vacío ese deseo de vomitar esa sensación de desprecio la necesidad de emborracharse, de ahogarse en alcohol volver a la misma euforia de la abeja, tratando de romper un muro invisible pero presente a esa angustia que no parece tener causa.
Pensé que nada había para la abeja en ninguno de los lados del cristal. La abeja debió morir esa noche. Mi vida se ha prolongado un poco más.

7 comentarios:
rudo
Nobles verdades 1 y 2
AJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAAAJAJAAJAJAJAJAJAJAAAAAAAAAAJAJAJAJAAAAAAAAAAAAAAA.
Oiga, para que encaje con su amenaza, debería ser "cuidáte". ya sabe, en aras de hacer parecer la cosa más seria.
pues yo propongo un duelo a punta de chuzo oxidado con una mano atada. Cada uno lleva un padrino y arreglamos la situación... sino o bien dejó de escribir o bien abró otro blog
bueno, hablando del transmilenio, mi papá recogió un tomate alguna vez en un C15 y lo puso en la sopa del almuerzo. Cabe aclarar que el tomate fue lavado repetidas veces antes den entrar en la sopa.
Yo sé que tal vez será un poco tarde, pero felices cumpleaños joven.
gracias... no había entrado al blog en mucho mucho tiempo
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