domingo, febrero 25, 2007

Porque me cae mal el DRAE

Advertencia: como se ve, el post que sigue es bastante extenso y bastante ñoño, lo que se debe a que estoy bien trasnochado y por lo tanto con empute en la cabeza. Esto se tradujo en quedarme escribiendo contra el DRAE y ese tipo de organismos que me caen tan mali. Igual, dada mi vocación de ñoño, hice un breve tratado de por qué son paila. El post es un bien pedante pero ahí va, en todo caso recuerdese que dormí 3 horas:

"Se creó, entonces, hace más de 26 años, en octubre de 1980, el Departamento de Español Urgente, que fue el primer organismo de vigilancia del uso del español y el único consultorio que asesoraba sobre buen (ibid.) de nuestra lengua. El departamento nació con la finalidad de unificar criterios lingüísticos entre España y América, combatir la invasión de extranjerismos, adoptar criterios para la trascripción al español de los nombres procedentes de lenguas con alfabetos no latinos y solucionar cualquier tipo de problemas idiomáticos que surgiesen en la redacción de noticias de la Agencia" (tomado de Lecturas fin de semana, El tiempo, 24.02.2007, pag. 5)

¿Por qué alguien podría pensar que debería existir una organización con esa finalidad? ¿Tiene realmente sentido la existencia de dichas organizaciones, por lo menos con las finalidades con la que se describen a sí mismas? Mi respuesta a la segunda pregunta es un no radical y en lo que sigue trataré de mostrar por qué. La respuesta a la segunda es la siguiente: algunas personas creen que existen usos equivocados de un idioma. Creo que si eso sucede, sucede de una manera completamente distinta a como piensa quienes fundan y componen ese tipo de organizaciones.

Antes quisiera tratar de mostrar por qué creo que no se debe hablar de errores lingüísticos, por lo menos no en el sentido en que dichas organizaciones consideran que se comenten errores. Para ello trataré de mostrar distintos niveles en los que se puede hablar de ellos, en consideración a que siempre que se habla de un error es necesario suponer un conjunto de normas más o menos fijas con respecto a las cuales es tal.

Un idioma, salvo en aspectos muy generales, es completamente idiosincrásico, esto es, si existen leyes universales que aplican a todas las lenguas, dichas reglas son de carácter muy general, de tal manera que las reglas fonéticas, morfológicas, sintácticas, etc. que describen una lengua, son en su mayoría solo propias de ésta y comparte solo un pequeño número de éstas con unas pocas lenguas de su misma familia. Pero más importante que lo anterior, nadie viola las reglas que son universales a todas las lenguas. De hecho las investigaciones que sostienen dicha posición se fundamentan, por ejemplo, en buscar el tipo de errores lingüísticos (a esto volveré en un momento) que comete un niño y aquellos que no: donde un niño no se acomoda a la construcción normal de su lengua materna se encuentra un elemento idiosincrásico de ésta y donde ningún niño comete errores se encontrarían los elementos no idiosincrásicos del lenguaje humano (esto porque dicha posición se basa en cierta clase de innatismo sobre el aprendizaje del lenguaje). Así que las condiciones donde habría un hablante realmente incompetente no se cumplen -dichas leyes estarían codificadas en nuestro cerebro- salvo en personas con lesiones cerebrales, etc., en cuyo caso nadie trataría de corregir o vigilar el buen uso del lenguaje. No se puede hablar entonces de errores a este nivel particular del lenguaje, al menos bajo la hipótesis más o menos bien fundamentada de que existen un conjunto de leyes que están codificadas innatamente en el cerebro de todo humano para el aprendizaje y uso de un lenguaje natural.

El caso de las equivocaciones lingüísticas parece entonces recaer en el aspecto idiosincrásico de una lengua. Una forma parcialmente correcta, pero que nadie aceptaría, de plantear el problema es la siguiente: dado que existen reglas idiosincrásicas en una lengua (que por definición no tienen validez universal) entonces alegar que bajo dichas reglas se cometen errores lingüísticos simplemente se basa en aceptar -sin justificación aparente- un conjunto de reglas antes que cualquier otro. Esta idea, que sostendría que no hay en este contexto errores lingüísticos reales es, aunque verdadera, insuficiente en la forma anteriormente planteada. Quien cree que existen errores lingüísticos simplemente respondería lo siguiente: obviamente existen lenguas distintas (español, alemán, francés, etc.) pero, aunque cada uno de éstas tiene reglas distintitas, cada una tiene las propias, de tal manera que los errores se comenten al interior de una lengua y no, como sostendría el argumento anteriormente esbozado, errores universales.

Creo que basta replantear el primer argumento en contra de los errores lingüísticos para mostrar su verdadero alcance: en general hay que comprender que el lenguaje es una estructura fundamentalmente social, que nadie habla un lenguaje privado. Cada hablante de un lenguaje pertenece a una comunidad que comparte las reglas de éste. Lo hermoso de este fenómeno es que nadie se puede negar a dichas reglas: en tanto se pertenezca a una comunidad lingüística particular las reglas de ésta se imponen al individuo que participa de ella, de tal manera que poco a poco se genera una adaptación. Es el mismo fenómeno, pero en una escala superior, de como muchas de las palabras y costumbres que tiene un grupo de personas reducidas se va dispersando entre ellas poco a poco: se genera un conjunto de reglas que se va transmitiendo entre ellos y que constituyen la base de su comunicación. O considérese la pronunciación de la x como el sonido /ts/ en vez de la pronunciación tradicional de taxi, /tatsi/. Lo que resulta a todas luces obvio es que nadie pronuncia de forma asilada así: si lo hiciera de dicha manera (y no hubiera justificaciones fonéticas o fisiológicas profundas -por ejemplo el caso de los lengüisopas-) simplemente la comunidad se impondría sobre dicha variación y no tardaría en desaparecer. Quienes tratan de aprender una lengua foránea son un caso bien particular, ya que muchas veces dichas reglas no se imponen por completo, esto es, nunca hablara como quien tiene esa lengua como lengua madre. Valga decir que, al fin y al cabo, nunca serán considerados verdaderos hablantes de la lengua que desea aprehender ni pertenecerán por completo a dicha comunidad. En ese sentido, y a eso volveré en un momento, la forma en que hablamos un idioma nos construye como comunidad.

Entonces ¿en qué sentido se puede hablar de errores lingüísticos? Antes de entrar a este punto y como introducción a él habría que aclarar un poco el sentido de la argumentación anterior: quien sostiene que hay errores lingüísticos debe sostener por un lado que existen normas propias de una lengua (cosa que cualquier aceptaría) y que un error es una desviación a éstas. La posición contraria sostiene que es poco interesante pensar en que existan los citados errores, porque si los hay, la comunidad se encargaría de eliminarlos. De tal manera que lo que no existe son errores sistemáticos: cuando algo que llamaríamos error se vuelve sistemático esto implica que se ha generado una nueva normatividad. Considérese una discusión bastante común: el uso de expresiones como "demasiado bueno", etc.. Se sostiene con frecuencia que dichas expresiones son errores lingüísticos ya que por un lado demasiado como adverbio tiene una connotación negativa y el adjetivo bueno tiene por naturaleza una connotación positiva. Este argumento es vació en su interior pues se basa en una interpretación equivocada de la expresión: obviamente quien la utiliza no considera que el significado de demasiado tiene una connotación negativa. El punto es que dicha expresión es tan común que obviamente dicha palabra ya ha cambiado en gran medida de significado por lo cual hablar de un error que hay que evitar es absurdo. Un error es fundamentalmente un accidente y un accidente, como bien dijo Aristóteles (Física, II), nunca sucede siempre o casi siempre (creo que esto puede ser muy bien justificado pero no lo haré aquí).

Hay otro sentido en que pueden existir errores lingüísticos pero es radicalmente distinto: el lenguaje es una estructura normativa similar a un juego como el ajedrez. En éste existen dos tipos de normas: las primeras definen el juego y consisten en las normas que determinan por un lado la posición inicial y por otro todos los movimientos legales que hay en el juego, esto es, las mismas normas que conoce quien sabe poner las fichas y moverlas. Pero fíjese que quien sólo sabe hacer esto en un sentido sabe jugar ajedrez y en otro no. Este último es en el sentido en que no conoce la estrategia que se ha de seguir para cumplir la finalidad que le es propia al ajedrez. Quien habla un idioma, en ese sentido, conoce las reglas de la construcción adecuada de oración -en un sentido muy amplio- pero además, siguiendo una imagen que a mi parecer puede llevar a confusiones pero que en este caso es bastante aclaradora, una persona tiene una idea y debe conocer los medios para convertir dicha idea en oraciones bien construidas de su idioma. Podríamos llamar error lingüístico al caso en el cual el emisor de una oración elije los medios lingüísticos inadecuados para expresar la idea que tiene en mente. Este caso de nuevo no es un caso sistemático, lo que se demuestra en que bastaría, bajo las condiciones aquí planteadas, que el emisor revisara su emisión para que observara su error. Este tipo de errores se pueden ejemplificar observando el tipo de construcciones de preposición fija y verbo en alemán. El verbo alemán bestehen puede ser construido con un diversidad de preposiciones y con cada una de ellas adquiere un significado distinto, de tal forma que la construcción bestehen auf significa algo como insistir y bestehen aus en algo como estar constituido de algo. Si el emisor conoce el significado de ambas construcciones y en algún caso elije la equivocada bastaría que este atendiera con el cuidado necesario a su emisión para que descubriera por su cuenta el error. En caso de que desconociera el significado de éstas se trata más bien de un caso como los citados anteriormente.

De nuevo mi argumentación quiere sostener lo siguiente: no existen errores sistemáticos en el lenguaje. A esta conclusión llegué porque por un lado se acepta que el lenguaje es en gran medida idiosincrásico y porque afirmé, y creo que con razón, que no existen lenguajes privados. Como ya dije los únicos casos de errores sistemáticos los comenten quienes realmente desconocen la lengua (los foráneos) y personas con lesiones cerebrales, etc.. Las formas de errores citadas consisten entonces en errores no sistemáticos que o bien la comunidad o bien el emisor mismo estarían en capacidad de corregir.

El punto anterior nos lleva a un tipo de argumento del cual no estoy del todo convencido pero que se sostiene comúnmente y que mal que bien tiene mucho sentido. Como ya se dijo el lenguaje tiene a final de cuentas una finalidad: comunicar algo. El ajedrez por su parte, tiene una finalidad que lo define: llevar a cabo un jaque mate. Pero a diferencia del ajedrez, el lenguaje no está definido por las reglas de construcción de oraciones correctas, esto es, lo que importa a final de cuentas en un lenguaje es poder comunicarse. Así que ¿qué importa como se hable si a final de cuentas se realiza la finalidad que interesa? No ampliaré dicho argumento.

Ahora bien, ¿cuál es el papel que juegan aquí las organizaciones como la que es descrita en la cita inicial? La organización es descrita como un "organismo de vigilancia del uso del español y el único consultorio que asesoraba sobre (¡!) buen uso de nuestra lengua". Mi posición al respecto es la siguiente: si lo quiere decirse como organismo de vigilancia es un organismo que atienda a la forma en que el español evoluciona como idioma y que está dispuesta a guardar todos sus cambios, esto es, como un observador del lenguaje que intenta sistematizar las normatividades que lo definen como idioma, obviamente no me opongo a su existencia. De hecho me parece una empresa particularmente interesante y útil. Pero esa no es su función cuando por ejemplo se dice que desea "combatir la invasión de extranjerismos". Dichas organizaciones se consideran a sí mismas como aquellos que están en capacidad de determinar cómo debe ser un idioma y cómo no, y en general un buen número de personas consideran que pueden utilizar como autoridades valiosas a dichas organizaciones. Pero los únicos errores que existen en un idioma no requieren acudir a autoridad distinta que o bien la comunidad cercana o bien a la intuiciones mismas del emisor. Así que ningún diccionario ni ninguna organización ni afines es autoridad de nada porque en un lenguaje no hay otra autoridad que la comunidad y las intuiciones sobre el lenguaje del individuo. En ese sentido ¿bajo qué justificación se puede combatir un fenómeno lingüístico, como la llamada "invasión de extranjerismo"? ¿cómo se puede hablar de un buen o mal español? Recuérdese que el mismo Hitler quería eliminar las palabras de origen latino de la lengua alemana, empresa ridícula si se recuerda que las declinaciones del alemán provienen directamente del latín.

Para terminar este extenso post vale la pena responder, o tratar de responder, a la pregunta (más bien antropológica) de por qué existen este tipo de organizaciones. La razón, a mi parecer, no es un fenómeno lejano: es común ver (y yo también lo hago) que alguien se burla de la forma de hablar de otras comunidad, por ejemplo al imitar acentos, al burlarse del uso de ciertas palabras (ya he escuchado a más de una persona que se burla de decir cabello en vez de pelo), etc.. Esto se debe, creo yo, a que, como ya se dijo anteriormente, nuestra forma de hablar nos construye como comunidad y nos permite tener un sentido de identidad. Así, aquello que definía al pueblo griego no era ni un territorio, ni un linaje particular, sino el hablar su propia lengua. Resulta natural entonces que la definición de una identidad se convierta en una forma de imposición: como habla mi comunidad es como se debe hablar y el resto es un error. Probablemente esto tiene el mismo origen antropológico del racismo y la xenofobia. Además la idea de un diccionario como el DRAE y más que eso la intención que tienen quienes trabajan en él y muchos de quienes lo utilizan es simplemente una forma de conservadurismo, que atiende a valores como la pureza del idioma, etc.. Mal que bien es un hecho generalmente aceptado que el DRAE se demora un buen número de décadas en acuñar un vocablo como válido.

Por eso al culo con el DRAE y el Diccionario pan hispánico de dudas, al menos en el uso paila que les dan mucha gente.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

la verdad...no lo lei todo jajajaj pero muchos errores linguisticos se dan por la mala conjugaciòn de un verbo, y el error se puede confrontar si se pone en contraste con la conjugaciòn en latín. Otros errores que existen son gramaticales, pero esos se dan màs en la escritura que en el habla, por ejemplo el mal uso del gerundio.
A mì en realidad me parece que el lenguaje se forja constantemente, que està vivo pero me parece importante que haya una serie de convenciones que hagan más claro el entendimiento entre hablantes, sobre todo si esos hablantes pertencen a una comunidad tan reducida como la acadèmica. En ese sentido el DRAE es una herramienta valiosa, pero en tanto uno se deba regir por los preceptos que èl acuña en su diario hablar, creo que es imposible y que serìa muy ñoño hacerlo. Pero al mismo tiempo se me ocurre que el español es una lengua que casi no se presta para juegos de lenguaje o para que se flexibilize...en esta medida no se tampoco qué tanto se puede crear en el español...la verdad no sè. toca echarle cabeza.

Andy dijo...

Yo a diferencia de gloria si lo leí todo (humor, humor) y estoy completamente de acuerdo! Supongo que la DRAE crea instituciónes de este tipo para garantizarse su propia utilidad en estos tiempos dónde propósitos decimonónicos de esta guisa son cada vez mas ignorados, extensivamente criticados y obsoletos.