Mis abuelos fueron todos campesinos boyacenses.
Mi abuelo materno fue carnicero, cosa que le costó la vida. Esto debido a que antes, dado el fuerte olor de la carne, los carniceros solían ponerse tabaco en la boca y la nariz para bloquear la pestilencia. Éste, en todo caso, no es cancerigeno sólo cuando es fumado. Según sé, por las cosas que me cuenta mi mamá en momentos de melancolía, un cáncer de esófago o garganta lo consumió rápidamente, quitándole primero la voz, y después la capacidad de ingerir cualquier alimento o bebida. Su muerte se precipito rápidamente, en un intenso dolor que, a pesar de todo, no fue riguroso y despiadado como tiende a serlo el producido por el cáncer, sino que, en apenas un mes su cuerpo se reducía a un triste cadáver.
Mi abuelo paterno fue, entre otras cosas, carpintero. Esta profesión se la dejo en herencia a mi padre y a mis tíos, junto con el gusto por el alcohol -defecto que en el caso de mi familia siguió la ley de la tercera generación.
Mi abuela paterna, esposa de éste último, proviene, según puedo intuir, de una familia de colonizadores españoles. Alguna vez mi papá me mostró un inmenso campo y aseguró que le perteneció a la familia Fandiño (apellido de mi abuela), junto con varias quintas de las cuales solo quedaban muros descascarados y destruidos por la maleza. Su apellido es evidencia de lo mismo, junto a sus muy acentuados rasgos europeos y que en mi se cuelan lejanos e imprecisos.
Mi abuela materna es el hermoso rostro de la tragedia de este país, surcado por inmensas miserias y una especie de optimismo (o resignación, es imposible saberlo) que se manifiesta por una espera eterna. Victima de la violencia de los años cincuenta, analfabeta, pobre -en el sentido estricto de la palabra-, los últimos años de su vida transcurren en una soledad tranquila y lúcida.
Cada vez que pienso en ese pasado, que pesa mucho más de lo que uno puede entender, siento estar cometiendo una traición. Pienso que debería llevar una vida como la de ellos, una vida que transcurrió en las montañas perdidas de Boyacá, arando con mis manos el árido suelo que mis abuelos araron, soportando las mismas tristezas de la existencia, con valentía, sin rechistar, sin dejar ningún testimonio. Me doy cuenta de lo inmensamente frívolas que son mis preocupaciones, que es el tipo de vida, la profesión que he elegido. Qué deshonesto (qué podrido) es todo lo que hago, por lo menos sabiendo que si el destino hubiera sido más obvio me hubiera permitido crear con mis manos, poder hacer una silla o mesa como lo hicieron alguna vez mi padre y mi abuelo. Qué inmensamente ridículo se vuelve el manipular las palabras como juguetes inútiles, hacer argumentos inconducentes, criticar argumentos igualmente inconducentes y peor aun, estar a las puertas de dejar que mi vida transcurra de esa forma, ya sin vuelta atrás.
Entro en una biblioteca y me siento donde hay algo de sol. Copio en mi cuaderno con inmensa lentitud cada oración. La examino con cuidado, decido cuál es el caso de tal o cual sustantivo. Busco el verbo principal. Identificado, escribo si se halla en voz pasiva o activa, en tercera persona o en infinitivo. Pronuncio con torpeza las palabras, tratando de entender la diferencia entre un acento agudo o grave. Finalmente busco en el vocabulario la traducción de las palabras y escribo una nueva oración en español que tiene un parecido sólo superficial con el sentido original de la frase. Han pasado dos horas. Quizás no sea como las labores de mis abuelos y de los padres de estos, pero, dadas mis limitaciones, es lo más cercano que estoy a ellos. Librado de todas las paranoias, lejano a mis miserias, en un agradable anonimato, en medio del silencio y la soledad, me siento cercano a la honestidad con que un campesino labra la tierra. Todo entra en un apacible silencio. Todo descansa. Todo parece estar bien.
Después el hechizo se acaba y todo entra en el mismo caos de siempre.
Recomendado: E-brary, base de datos electronica. Se puede acceder desde la página de la biblioteca de la Nacional y creo que de los Andes. Péguese la rodadita.

7 comentarios:
(edi necesito hablar urgente ocntigo para ver si vamos a ir a "dias felices" porque las boletas las empiezan a vender el martes)
Mi dios que bello post. sniff sniff sniff.
(Y no era sarcásmo)
Eigenlich freue ich mich darüber, dass sie so denken :)
que dailuber habla engrish?????? traduciendo lo del aleman.com
este post me gusta mucho eddy.
un abrazo!!
:)
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